Dejaste un vacío enorme en la casa, pero también un montón de recuerdos felices que el tiempo no va a borrar. Todavía parece que te voy a ver asomándote por el pasillo o que voy a escuchar tus pasos apurados en cuanto abra la puerta principal.
Fuiste más que una mascota; fuiste un compañero incondicional que sabía leer mis días buenos y malos sin necesidad de regañarme. Tu silla favorita se ve demasiada solitaria sin ti, y extrañó la rutina compartida, los ronroneos y esa forma única que tenías de pedir atención.
Aunque duele aceptar que ya no estás, me quedo con la tranquilidad de que tuviste una vida feliz, llena de mimos y de un cariño mutuo que no se termina con tu partida. Gracias por cada momento, por tu lealtad y por haber hecho mi mundo un lugar mucho más cálido. Te voy a extrañar siempre.

0 Comentarios